Apenas a las 5:30 de la mañana la radio comenzó a captar señal, a las 6 de la mañana la sorpresa para mi que no sabía lo que había ocurrido ¿cómo que ya le dieron la banda presidencial? Las noticias empezaron a fluir, a dudar, ¿fue legal el madruguete o es nomás para despistar?, pasaban los cuestionamientos, yo encendí dos radios, dos estaciones distintas al mismo tiempo y el internet, a las 8 empezaron otra vez los catorrazos en san lázaro, y que si llegan o no llegan y quien sabe que, al príncipe de Asturias bien puntual se asomó a ver el desgarriate, rudos contra científicos. Y así, cuando todo era incertidumbre y la cámara enfocaba al Terminator, así nomás de fregadazo aparecieron la Zorra y el Espurio por atrás de las banderas, uuuna, doooos treeeees: y arráncate con la protesta, de volada de volada, échame la banda, cántale el himno y pélate que aquí espantan. Y así se hizo lo que se tenía que hacer. Todo legal. ¿Y que onda con las rechiflas, el ambiente de la cámara, el zócalo, los destanteos de medianoche, la tensión con que se llevaron a cabo las cosas? Nada de eso corresponde. Porque si bien se trata de hacer las cosas como lo marcan las líneas prescritas por el protocolo, los zapatos que entran a fuerza terminan por amolar los pies.
¿Qué les paso a las chivas y el américa? Como escena de fin del mundo, el último partido del sexenio, ahora resulta que los archienemigos, pues que dicen que ya se quieren mucho, y que somos bien cuates, casi casi novios.
Ahora hasta en el futbol les da miedo la polarización. Cobardes. Para eso si son buenos.
Lluvia que no beberás
viernes, 1 de diciembre de 2006
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