Uno de los programas de los cuales más se echaron flores el gobierno al fin saliente de Vicente Zorra fue el programa de vivienda, en el cual se le daba prioridad a que la mayoría de la población tuviera acceso a una vivienda digna, con todas las implicaciones que pueda tener la palabra “dignidad” atribuidas a una vivienda, y esto aunado a los costos, no solo económicos sino todos los costos implicados en ello. Para ello, el instrumento recurrido era el infonavit y las concesiones a constructoras, que de común acuerdo ofrecían viviendas de acuerdo a las posibilidades de cada quien de poder pagarlas, siempre y cuando la “dignidad” de dicha vivienda no menguara en ninguno de sus designios ya prescritos. Las facilidades de pago también corresponden a las capacidades e historial de cada persona para poder pagarla, con diferentes facilidades en caso de fallecimiento, desempleo, entre otras, que hacen a más de uno ver viable el echarse el compromiso de comprarse una casa de interés social.
Pues en esas vamos, que los encargados de hacer estas viviendas, hacen su esfuerzo por otorgar viviendas de acuerdo a todo lo que rigurosamente se les exige, todavía se toman la delicadeza de entregarlas en armoniosos colores, para gustos genéricos, intercalados para generar un ambiente de concordia con los vecinos.

Pero hay quienes no conformes con su vivienda, prefieren personalizar su casa y darle ese toque único de buen gusto del cual fueron dotados, aún cuando este pueda transgredir el ambiente de concordia entre el :

¿Barbie se mudo al vecindario? No conforme con eso, el expendio de caguamas está a su disposición. Pero al negocio no se le puede catalogar, debido a que tendrán que pagar su casa a 30 años, que ya con intereses terminan pagando el precio de 10 casas como esa misma, y la lana hay que sacarla de donde se pueda. Viva México.
El mal gusto no está incluido dentro de la categoría de dignidad.
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