Si existe un momento ideal para disponer cosas, este puede ser un buen momento para eso. Pero presumir de disponer destinos siempre me ha parecido una causa banal. El estar a la expectativa no es un asunto simple, son de estas cosas que pueden concluir en angustia cuando la pretensión se ve lejana. Pero así está dispuesto nuestro estilo de vida, para pretender y hacer que las cosas sucedan tan cercanas a lo que nos proponemos.
Después de andar de fiesta y fiesta ya era extraño que el teléfono dejara de sonar en cada momento, que vamos para allá y que ahora vamos para acá a ver a quien sabe quien, y así se pasan los días y uno como si nada, y lo bien que se dispone todo cuando la buena compañía se hace presente. Pero así terminan las fiestas y el año se nos echa encima, joder con el año nuevo, que rejoder con lo mismo, pero ya estuvo bueno. Ahora si hay tiempo de sobra para disponer lo que hay que hacer, ¿hacer que?, demonios, pues no se. Por lo pronto ya pude terminar de leer un par de libros que se habían quedado abandonados y recibí un par de manzanas de regalo con un pedacito de rosca que quedaba para cenar ligero, después dormir un letargo lejano y ahora un nuevo día lleno de expectativas y espacios para hacer lo que sea, que eso por lo general es incierto.
Lluvia que no beberás
martes, 9 de enero de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario