Vamos rumbo a la playa, en un día poco común para tomar un baño. De hecho no se antoja nada. Se puede uno deshacer de esta sensación de movimiento, pero el camino se abre a nuestros pasos y no hay remedio más que aceptar que hacia allá vamos. No es nada grave, no hay motivos, de hecho no sabemos porque estamos aquí en un día tan feo como para andar paseando, pero así es el humano, capaz de hacer cosas estúpidas e irracionales y dar a entender que son trascendentales. Puras patrañas.
Lluvia que no beberás
jueves, 25 de enero de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario