Lluvia que no beberás
jueves, 25 de enero de 2007
Recuento
Hay veces que me despierto con la incertidumbre de si hice algo incorrecto. Por lo general esos detalles sobre que lo dije así, pero pude haberlo dicho de esta otra forma y ya lo dije, ¿pero que pensaría? Y me quedo pensando si se daría cuenta de lo que quería decir sobre lo que dije y como lo dije, o se daría cuenta que lo que yo quería decir era esto, pero ya sabes que luego me equivoco, pero a veces ni se dan cuenta y se entiende lo que yo quería decir, aun cuando en realidad diga otra cosa. Pero esas preocupaciones no me acompañan, de hecho ya saben que yo no digo cosas así, así que si creen que dije algo descabellado, lo que realmente quería decir era algo que sonaba así, pero es algo bien correcto, pero ya no se. Si me mortificara por todo lo que he dicho, si contabilizara todas las estupideces que me he atrevido a realizar, concientes como inconcientes. Pero más que recordarlas, de etiquetarlas como algo indeseable, yo quisiera mejor no fijarme en cosas que no tienen ese remedio, como que no tenemos máquinas del tiempo. Se puede corregir una letra mal escrita, no se pueden corregir palabras dichas, palabras que movió el aire, con un timbre predeterminado, con una presión barométrica tal, solo para oidos cercanos. Al contrario, es un placer dejar una huella indeleble en un momento espacial, en un día específico solo para pocos. Que privilegio.
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