Cuando esperaba buenas noticias llegué y descubrí algo que es peor que si te dijeran que siempre no: "mira, si hubieras llegado hace 15 minutos la encontrabas, se acaba de ir y yo creo que ya no regresa. Pero puedes esperarte de aquí a unos doscientos siglos y ya te tendremos una respuesta favorable, ¿cómo ves?". Regreso a la casa con retraso, me voy a atender otros asuntos y olvido el número de teléfono para marcar antes de las 3. Regreso a casa a las 4 y hago la llamada "¿puedo pasar en este momento, es que fíjate que tuve un contratiempo?", la respuesta es en tono poco amigable "mira, tengo que salir, se me ha hecho tarde esperándote, si puedes mañana no hay problema, sino lo dejamos para la próxima semana o nunca ¿cómo ves?", yo digo: ¿te llamo mañana?.Respuesta en el mismo tono: "No, yo te aviso cuando se me pase la indignación de aquí a unos doscientosmil años. Gracias, nos vemos allá por hasta nunca".
Y yo que no acostumbro la lambisconería, y ahora que pensaba quedar bien con toda la alevosia y presunción posible salgo con mis babosadas de fin de semana. Es irónico que cuando realmente me propongo a hacerlo no se puede.
Son las 5 y nadie me ha invitado a tomar una cerveza. Ni siquiera eso.
Ahora no se como decir cuán significativo para mi es tener en este momento cinco centímetros de cadena. ¿Puede ser este mundo tan desastroso por detalles tan diminutos?
Si se puede. Pero puedes esperar unos doscientos millones de años luz y tal vez las cosas sean mejor cuando la constelación de omnitauro se eclipse con el escorpión unitario por una coalición de asteroides, tal vez en ese momento te vaya mejor. Si quieres por mientras puedes sentarte a sacarte los mocos o leer una tele y novelas en lo que llega el dentista.
Lluvia que no beberás
sábado, 24 de febrero de 2007
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