Lluvia que no beberás
lunes, 1 de diciembre de 2008
Agonia
Hoy ha sido un día particularmente triste.No se necesitan grandes secuestros que paran las prensas, ni recesiones que hacen lamentar la existencia, ni inflaciones que abultan la panza. Nada de eso. Las deudas morales pesan. El extravío de los dias es indistinto, la palabra fluye entre inútiles oidos. Todo vaga y no hay respuestas. No hay buenas noticias, que no son necesarias las grandes noticias. Solo buenas. Esas no han aparecido hoy. Me hubiera gustado ver aparecer en el reloj la hora exacta a la que me levantó, no fue así. Me hubiera gustado ver que los platos no estaban rotos, que no me mordían las manos, que apenas llegara la cantidad exacta, lo justo para hoy, la llamada que nunca llegará, tampoco eso paso. Me hubiera gustado ver al pobre, pobre de ti, espero que estés bien, que cruel, que lamentable suceso, por eso detesto esas desatenciones, la gente distraida que suele llevar a cabo acciones tan crueles y desentenderse así porque si, disculpados (por si mismos) por su falta de sensibilidad, que pena. En el ambiente no ha sucedido ninguna catástrofe, no hay delito que perseguir, no hay largas agonias, ni muerte incierta, solo la certidumbre de que otra vez hay algo que falta, que parece que no volverá, que podría ser que esté en un buen lugar o todo lo contrario, que este sufriendo una angustia, no hay nada de cierto en esto, más que la ausencia, de nuevo ese sentimiento desgarrador. Y de lo demás más lapsos, que no dejan de ser costumbre a pesar que a la larga sigue siendo la misma angustia de todos los días, para volver a esperar que la hora en el reloj sea la correcta, el momento justo de volver a poner los pies en la tierra y empezar a caminarlo sin rumbo fijo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario