Lluvia que no beberás

jueves, 4 de septiembre de 2008

equis güey, que no te influya.

Me gustaba llegar y tener hambre y poder irme a cenar cualquier mamada. Chécate esta mamada. A lo mejor era una onda para desviar la plática. Pero esa noche no pude dormir. Soñe que tenía una pistola debajo del asiento. Ya no me acuerdo a quién esperaba. Pero me di cuenta de que estábamos en el zócalo, pasaron muchas cosas. Pero yo con mi pistola esperando. Desperté con fiebre, y con la lucidez del entresueño me di cuenta que si era una desviación. Que fui muy atrevido, pero es que así era la cosa. Yo no se para que sirve, no me emociona nada. Me emociona cualquier cosa que pueda obtener, aunque esta está más perdida que cualquier otra. Muy perdida. No me importa, cualquier cosa es ganancia. Pobre de aquella. Que desdichada etapa era aquella. La cuestión de los años rosas o azules o rojos, esa era buena. Tal vez fue la mejor con eso del cabello, todo estaba resuelto, ¿pero que pasaría?, aparte de la tontería de siempre, pero ahí era más simple, no sabía ni para que se usaba, pero era algo complejo, que dificil situación. Ahora es muy complejo, y en las mismas, porque tampoco hay con que responder, cuando ya están resueltas más cosas, siempre falta algo con que responder. Respuesta maldita. Cuando te tenga te voy a repartir, verdad absoluta de mierda.Ahí empezó todo, ahí estás repetida todos los días para ser usada. Así me gusta la distancia. El espacio libre para volarlo todo, total, me vales madre tú. No hay ni siquiera profundidad, boba, boba boba. Ni que buscas, ni por donde llegar. Muy atrevido, está bien, yo lo estaba manejando al pasito, aunque un atrevimiento de vez en cuando no me importa en absoluto. Ni ayuda que recibo de la otra. Celosa como ella misma. Haciéndose pato. Ñeeeeee.

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