Lluvia que no beberás

viernes, 29 de junio de 2007

ya se acaba la mitad del año

Y se me hace que se va a acabar la segunda mitad y no va a ocurrir nada extraordinario. Creo que ya han pasado muchos años sin que nada de eso ocurra. Como cuando la vejez se vuelve esa situación en la que nada se trastorna y todo es evidente. Me llevo toda la rutina en el bolsillo, todo es claro y concreto, absoluto. Como la verdad, como el deslizarse todos los días y escuchar a los vecinos mientras el calentamiento astral metatársico me llena la piel de ámpulas y alguna que otra célula que se va mutando en una maligna mutación redundante.
Ya el horario es un desmadre, amanece temprano, pero ya no se si sea más temprano cuando el horario era de otro modo, tampoco he visto cuantos días nos separan de las lluvias torrenciales al efecto invernadero, la destrucción de los casquetes polares o la llegada redentora de los priistas y sus doce apóstoles.
Si algo me queda claro es que me espera un viernes tan incierto como rutinario.

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