Algo así rezaba el título de un libro mal nacido del cual hicieron alarde las almas perdidas deseosas de obtener exito en esta vida, sin saber siquiera si ese era acaso su objetivo existencial, sin saber las consecuencias ni antecedentes ni la etimología pertinente.
Yo me acordé de ese libro malhabido porque ayer recibí de mi abuela un queso, me recomendó acompañarlo con una taza de café. Mientras me dedicaba a otros asuntos vi a mi hermana darle un pequeño pellizco, yo lo tomé y lo cerré. Hasta ahí todo queda claro. Al llegar a la casa abro una botella de vino, tomo un cuchillo y reviso mi maleta ¡¿y mi queso?!. Pensé que en algún momento de descuido lo guardaría en el refrigerador y lo busco afanosamente, pero nada.
Ahora no se si lo guardaría en la maleta o solo lo imaginé, no se si lo guardé en el refrigerador y estará perdido dentro de sus entrañas, si algún astuto ratón dió con el en algún momento de descuido, tal vez estoy viviendo una vida alternativa en otra dimensión, si mi queso era de un material autodestructivo, si sueño despierto o que se yo. Ahora mi copa de vino la acompaño con aire impuro e incertidumbre.
Lluvia que no beberás
jueves, 10 de mayo de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario