Lluvia que no beberás

jueves, 30 de noviembre de 2006

Pendientes en Celaya

Un café oscuro directo a la neurona.
Una cama vacía para un sueño perpetuo.
Una cita a las 4 de la tarde.
Fotografías de cualquier cosa.
10 horas de camino, cortesía de omnibus de méxico.
Un substituto para presidente. Ya que le llegue Chente Zorra. A ver que tal con el méndigo espurio.

miércoles, 29 de noviembre de 2006

Otra vez lo mismo

Esa precaución de anotar el password antes de olvidarlo es una precaución muy importante. Yo que me digo que no lo volveré a hacer, pues lo volví a hacer, aunque no del mismo modo.
Conozco esa facilidad mía de olvidar mis nuevos password de mis nuevas cuentas. Siempre que tengo que abrir una nueva cuenta termino olvidándolo tan pronto como termino de escribirlo, pero nunca las apunto, siento que llegará un espía de la CIA a robarme toda mi información o a ver que escribo, no es justo, que les importa. Lo único que hago como remedio más cercano es usar el mismo password para todo, pero eso a veces tampoco funciona.
Este es el tercer blog que abro. En el primero que hice me ocurrió lo del password, después de darme las gracias a mi mismo por ser tan baboso, lo único que tuve que hacer fue pedirle a blogger que me lo mandara a mi correo y tan tan, curiosamente después de la primera vez ya no lo vuelvo a olvidar. En el segundo blog que abrí tomé la precaución de mandárselo por correo al Sly antes de que se me olvidara, como efectivamente ocurrió, pero el password quedo rescatado en una bandeja de entrada. Esta última vez vuelvo a olvidarlo, vuelvo a pedirle a blogger que me lo mande, y ahí estoy espere y espere y nada, les reafirmo, les confirmo y ni madres. Ahí dan la opción de que si nada de lo que te piden funciona les mandes un correo, pero te piden el nombre de usuario y el password, ¡¡¡¡ooooh, pues no les estoy diciendo que se me olvidó!!!!! Ya después de un rato de frustración y de ganas de mandar todo al carajo, me doy cuenta, después de tanto picarle en todos lados que hay una sección que dice Google accounts, escribo mi correo, escribo el password que yo suponía que era, y tarán… estamos dentro. Ahora no se realmente que pasaría si se me olvidara de verdad, porque no ha llegado esa solicitud de password que hice muchas veces, ni creo que llegue. Pero por lo pronto puedo entrar de esta forma, no se como, es como entrar por la puerta trasera o algo así, porque solo puedo entrar por esa ventanita que dice blogger beta. Pues yo no se. Si llega a desaparecer ese blogger beta o el google accounts ya me llevó el demonio. Pero por lo pronto aquí estamos, escribiendo naderias.

martes, 28 de noviembre de 2006

Uno más del montón

A parte de hablar de tragedias, de esas historias que casi rayan entre lo que se esperaría que no le ocurriera a uno, ¿no hay nada más sencillo de contar? Pero casi siempre para contar las cosas se requiere aunque sea un ratito, pero con todo eso de andar a la carrera contra la conexión, contra el tiempo de conexión, las estupideces que decir y el tiempo para escribir las estupideces y decirlas, pero bueno, eso es lo de menos. Aunque aparte de que el terrestre cotidiano, que no tiene más que decidirse a hacerlo y que ya no se chupa el dedo de forma literal, tiende a andar en esta carrera infinita por alcanzar a estar a tiempo en todas partes. No se puede y no se puede. Pero por más que uno quiere se lo pasa uno dándole alcance a esos compromisos de los que se llenan esos espacios de existencia que transcurren desde que el sol sale hasta ya pasada la medianoche, en los que parece que la importancia está dada por el andar ocupados, de un lado para otro, todo el tiempo. Aunque la consecuencia de todo ello sea algo que sucede en cualquier parte, que rico sería estar en esa escena interminable, un lugar común recurrente de un atardecer en la playa sobre una hamaca, mientras el tiempo se vuelve una medida inútil y el sonido lo produce un interminable ir y venir de olas, y alrededor no pasa prácticamente nada. Sin embargo la vida no es así, por lo menos para la mayoría y de eso estoy seguro. Pero sin aprovechar esos lapsos en los que se puede generar esa idea de la relajación eterna, como un nirvana tropical, pero eso no deja de ser más que puro alucín. Por estos rumbos los vientos del norte son la constante que no deja fantasear en ese sentido, al menos por estas fechas, ni siquiera tender tu hamaca, porque ya te estás dando una empanizada de arena, y eso si estás en la playa y no llegan los del municipio a cobrarte derecho de piso, ya que la cuota es inapelable aún cuando el día no esté para relajaciones fantásticas –¿oiga joven, aquí es república dominicana?-. Pero que tan fantasioso podría ser, mientras que la temperatura ambiental es algo que todo lo abarca, que a lo único a lo que se escapa es a los ambientes artificiales, en los que se termina encontrando uno con los costos de los ambientes artificiales, ofertas de todo ello, los centros comerciales por ejemplo, vaya precio para un ambiente precario. Quiero vivir en el caribe. Sin huracanes, claro, pero no se puede todo en esta vida, pero con que uno no deje de pensar que a lo mejor si se puede, no está mal.