Lluvia que no beberás

martes, 28 de noviembre de 2006

Uno más del montón

A parte de hablar de tragedias, de esas historias que casi rayan entre lo que se esperaría que no le ocurriera a uno, ¿no hay nada más sencillo de contar? Pero casi siempre para contar las cosas se requiere aunque sea un ratito, pero con todo eso de andar a la carrera contra la conexión, contra el tiempo de conexión, las estupideces que decir y el tiempo para escribir las estupideces y decirlas, pero bueno, eso es lo de menos. Aunque aparte de que el terrestre cotidiano, que no tiene más que decidirse a hacerlo y que ya no se chupa el dedo de forma literal, tiende a andar en esta carrera infinita por alcanzar a estar a tiempo en todas partes. No se puede y no se puede. Pero por más que uno quiere se lo pasa uno dándole alcance a esos compromisos de los que se llenan esos espacios de existencia que transcurren desde que el sol sale hasta ya pasada la medianoche, en los que parece que la importancia está dada por el andar ocupados, de un lado para otro, todo el tiempo. Aunque la consecuencia de todo ello sea algo que sucede en cualquier parte, que rico sería estar en esa escena interminable, un lugar común recurrente de un atardecer en la playa sobre una hamaca, mientras el tiempo se vuelve una medida inútil y el sonido lo produce un interminable ir y venir de olas, y alrededor no pasa prácticamente nada. Sin embargo la vida no es así, por lo menos para la mayoría y de eso estoy seguro. Pero sin aprovechar esos lapsos en los que se puede generar esa idea de la relajación eterna, como un nirvana tropical, pero eso no deja de ser más que puro alucín. Por estos rumbos los vientos del norte son la constante que no deja fantasear en ese sentido, al menos por estas fechas, ni siquiera tender tu hamaca, porque ya te estás dando una empanizada de arena, y eso si estás en la playa y no llegan los del municipio a cobrarte derecho de piso, ya que la cuota es inapelable aún cuando el día no esté para relajaciones fantásticas –¿oiga joven, aquí es república dominicana?-. Pero que tan fantasioso podría ser, mientras que la temperatura ambiental es algo que todo lo abarca, que a lo único a lo que se escapa es a los ambientes artificiales, en los que se termina encontrando uno con los costos de los ambientes artificiales, ofertas de todo ello, los centros comerciales por ejemplo, vaya precio para un ambiente precario. Quiero vivir en el caribe. Sin huracanes, claro, pero no se puede todo en esta vida, pero con que uno no deje de pensar que a lo mejor si se puede, no está mal.

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